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| La automatización del proceso electoral |
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De la certidumbre autoritaria a la incertidumbre democrática
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Votobit 07-03-2003
Los procesos electorales ponen muchos intereses en juego. La lucha por el poder tiene que ser equitativa y los juegos electorales competitivos y no destructivos. La situación electoral en México
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Al filo. 2002
Paloma Navares |
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Por ÁNGEL ALFREDO DE LA ROSA PÉREZ. La automatización del recuento electoral en México data de finales de los años ochenta cuando la entonces Comisión Federal Electoral en las elecciones de 1988 implementó un sistema automatizado para conocer de forma rápida la tendencia de la votación. Este primer experimento dejó en los mexicanos una experiencia amarga.
Sin embargo, el primer paso estaba dado. Así, el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales creado en 1990 obliga a la autoridad electoral a instalar un sistema de resultados preliminares. Con ello nace el conocido Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) a nivel federal, con sus homologaciones a nivel estatal en las entidades federativas del país. El programa ha dado buenos resultados, los mexicanos hemos conocido de manera más o menos rápida las tendencias electorales y los triunfadores de las contiendas.
Sin embargo, la constante dinámica con la que se mueve la sociedad mexicana y un nuevo escenario electoral en donde prevalece la incertidumbre democrática hacen necesarios nuevos modelos de organizar las elecciones, de pensar en nuevas fórmulas para ejercer el derecho de votar, del escrutinio de los votos de forma confiable, pero sobre todo, de la rapidez, exactitud y eficacia con el que se den a conocer los resultados de las elecciones.
La alta tecnología utilizada en la realización de los comicios es un método confiable para encara el escenario en que prevalece una fuerte competición electoral entre los partidos políticos, una creciente participación ciudadana, y otorgar mayor confianza a los procesos electorales.
> Por qué y para qué de la automatización
México en un poco más de una década ha pasado de vivir, en el terreno de las elecciones, de una certidumbre autoritaria, entendida como el alto grado de influencia de alguien para controlar los procesos y llegar al resultado deseado sin poner en juego los intereses al escrutinio público, al de una incertidumbre democrática, comprendida como la puesta en juego de los intereses políticos y la posibilidad de que cualquier contendiente electoral pueda obtener el triunfo bajo reglas bien definidas, en donde nadie puede asegurar la victoria de un candidato o partido alguno, todos los intereses se ponen en juego, la lucha por el poder es equitativa, los juegos electorales son competitivos, no destructivos; se reconoce al adversario político como competidor, no como enemigo; el partido político basa su fuerza electoral en su trabajo cotidiano no en el apoyo incondicional del Estado; solo hay un gran elector que es la voluntad ciudadana que se expresa libremente, y solo con la utilización de los avances técnicos y científicos se puede prever un resultado.
En un nuevo escenario como este, inédito en la historia electoral mexicana, podemos concebir a un sistema de partidos fuerte y plural, y aprender que en la competencia electoral ellos buscarán y mantendrán funciones de utilidad social y política mediante diversas estrategias en las cuales tratarán de maximizar los beneficios minimizando los costos. Veremos juegos competitivos donde la idea será vencer al contrincante, más no destruirlo, o cooperativos con los actores free riders de la política mexicana que sin querer pagar los costos de la cooperación estarán ahí manteniendo un claro perfil de oposición.
En todos estos juegos democráticos la constante será la incertidumbre democrática pues nadie garantizara el resultado de la competencia que solo se diseñará mediante factores de liderazgo, dialogo, negociación, tolerancia y el respeto a las instituciones y los ciudadanos.
Para poder enfrentar este nuevo escenario los Institutos Electorales (sea federal o estatal) deben adecuar las formas de organizar las elecciones y/o contabilizar el recuento de los votos, en donde la rapidez, exactitud y eficacia son los ejes que deben normar su actuación. Ya que precisamente en una incertidumbre electoral el ciudadano desea conocer lo más rápido posible y con certeza quien es el triunfador de los comicios.
La automatización de los órganos electorales, considero, no es una boga electoral, ni mucho menos un gasto infructuoso, es parte central para encarar los nuevos retos.
Varios son los puntos que llevan a pensar en la automatización de los órganos electorales. El primero es a causa de escenarios de alta competitividad entre los partidos políticos por el arribo al poder; segundo, la creciente participación ciudadana de que su opinión sea tomada en cuenta y participar en las decisiones importantes del gobierno; tercero, el elevado costo de la de la organización de los procesos electorales, la automatización llevaría a reducir los costos; cuarto, el periodo de preparación que incrementa los costos de operación; quinto, el tiempo que pasa entre la hora del cierre de las casillas y el momento de dar a conocer los resultados electorales; sexto, el fantasma del fraude electoral; séptimo, la participación de los ciudadanos en las elecciones.
> Exactitud y rapidez
Al pensarse en el recuento electoral saltan dudas como ¿qué es más importante, la exactitud de los resultados o la rapidez de ellos?. Sin duda alguna, ambas variables son de extraordinaria importancia para un proceso electoral, y más, como ya se comento, en un escenario competitivo.
En la actualidad en México, la organización de un proceso electoral es larga y costosa. Se ponen en movimiento a miles de ciudadanos y en el momento más crítico de una elección, el conocer los resultados, el fantasma del fraude electoral ronda al ver pasar las horas sin una certidumbre de quién es el ganador de las elecciones. La tecnología electrónica de punta ofrece tanto la rapidez como la exactitud. Y aunque su costo inicial pareciera elevado, los rendimientos a inmediato y largo plazo compensarían la inversión.
Quizá no exista una fórmula matemática que pueda de manera fehaciente medir los rendimientos que produce una elección creíble en el ciudadano, pero el tan solo hecho de existir confianza en la organización del proceso y sus resultados provoca, en el ciudadano común, días exentos de violencia y conflictos pos electorales y, en el país, además de una gobernabilidad política, confianza en los inversionistas extranjeros en un país de leyes y con reglas claras.
Un ejemplo de la exactitud y rapidez de los resultados electorales que da a su vez la tranquilidad a sus ciudadanos de saber quien es su nuevo gobernante nos lo da España en las Elecciones Generales, para elegir Presidente de Gobierno, de 1996.
Para esta elección todas las encuestas electorales, aun a unos días antes de la elección, daban por triunfador por mayoría absoluta al candidato del Partido Popular, José María Aznar, por más de 10 puntos porcentuales contra su más cercano competidor, Felipe González, candidato del Partido Socialista Obrero Español.
El día de los comicios, diversas empresas de conteos rápidos al realizar sus ejercicios estadísticos con los ciudadanos al salir de emitir su voto, dieron cuenta a la sociedad que la votación no se estaba dando como las encuestas habían manifestado, por el contrario, de acuerdo a sus datos recabados ellas no podían declarar el triunfo de ningún candidato por lo cerrado de las votaciones debiendo esperar a los resultados oficiales. Así la expectativa de saber quien sería el triunfador de estas elecciones creció más dejando toda la responsabilidad a la autoridad electoral en declarar el triunfo del partido ganador.
La espera no fue mucha, ya que pasadas dos horas con treinta minutos después del cierre de la votación (las casillas cierran la recepción del voto a las 20:00 horas) el resultado oficial fue dado a conocer a las 22:30 horas por el Ministro del Interior con el 80% de casillas escrutadas, dando el triunfo al candidato del Partido Popular con un 38.79% contra un 37.63% del Partido Socialista Obrero Español, apenas 1.16 % de diferencia entre un partido y otro, con una tendencia irreversible.
De esta forma, la rapidez de los resultados y la exactitud con que fueron dados a conocer evitaron trastornos sociales, económicos (caída de la bolsa de valores por falta de certidumbre política como se ha visto en casos latinoamericanos) y problemas pos electorales, sin mencionar estadios de ingobernabilidad política.
Otro caso que refleja la importancia de la rapidez y exactitud de dar a conocer los resultados es el de Venezuela. Las elecciones presidenciales de 1998 fueron marcadas por un escenario de alta presión para la población ya que unos de sus candidatos, Hugo Chávez, comandante del ejército venezolano y fundador del Movimiento Quinta República, era la misma persona que unos meses antes intento dar un golpe de Estado en contra del sistema constitucionalmente establecido en ese momento. Parte de la campaña política de satanizar a ese candidato hizo que en Venezuela se vivieran momentos serios y de mucha tensión para la población, llegando las elecciones del 6 de diciembre de 1998 con movimiento de militares en el país.
En estas elecciones se utilizo el recuento electoral electrónico lo que hizo posible que un par de horas después de cerradas las casillas se diera el resultado oficial con un 76.75%, de votos contabilizados (con una tendencia irreversible) lo que generó una tranquilidad total e inmediata en el país gracias al sistema automatizado que dio con exactitud y rapidez el resultado final.
La magnitud e importancia de este sistema utilizado en las elecciones lo podemos dimensionar mejor al comparar que en las elecciones anteriores, de 1993, en este país, el primer boletín con cerca del 5% de escrutinios se entregó a las dos de la mañana del día siguiente y se generaron muchos problemas entre la entrega de la información y los resultados de las encuestas de los medios de comunicación que no podían ser dados a conocer mientras no hubiera información oficial.
> Participación ciudadana
Tanto las instituciones como los discursos políticos reclaman siempre de la participación ciudadana como punto importante para el desarrollo político del país o de la entidad.
Para que esta participación ciudadana se pueda dar es necesaria la confianza en la institución que lo reclama. En este caso el órgano electoral que convoca a una participación de la ciudadanía en las urnas a depositar su voto, debe garantizar que el sufragio será contado y respetado. Y no es que los métodos tradicionales de escrutinio no sean confiables, pero la historia electoral de México, y no solo de nuestro país sino de varios en todo el mundo, demuestra que la seguridad al respeto del voto se da mas e invita a una mayor participación ciudadana mediante la utilización de la alta tecnología en los procesos electorales. Los datos parecen confirmar lo dicho. Continuemos con los ejemplos de los países señalados anteriormente.
En las elecciones venezolanas existía un dicho que decía: acta mata voto ya que en el conteo el acta era el único documento electoral que producía la mesa de votación y que reflejaba con exactitud los votos contabilizados, ya que después de contabilizados los votos desaparecían o pasaban cosas disfuncionales que hacían que el acta fuera el único instrumento creíble. Este problema llevo a estadios de violencia civil.
La implementación del voto automatizado produce que la ciudadanía confíe en el respeto de su voto y los índices de participación crecieron. Pasaron de un 51% y 67% de abstención en las elecciones de 1993 y 1997, respectivamente, a una abstención del 44% en las elecciones regionales de 1998 y un 33% en las presidenciales de ese mismo año.
> Qué tipo de automatización para México
Existen varios modelos de automatización del proceso electoral: las maquinas de votación (o urna electoral conocida en Brasil) en cuya característica fundamental es que el elector vota directamente en él, bien sea a través de un teclado, pantalla de vídeo o mediante una boleta electoral. Una vez consignado el voto, el mismo es registrado inmediatamente. Después de concluido el proceso de votación la maquina imprime los resultados en un Acta de Escrutinio, luego transmite esos datos electrónicamente a la administración electoral.
Uno más, las maquinas escrutadoras que es un equipo cuya característica fundamental es leer marcas o perforaciones hechas manualmente por los electores en una boleta electoral. Estas marcas o perforaciones pueden ser hechas con un instrumento comercial o bien con utensilios especiales.
Sea cual fuere el sistema que se utilice en México lo que se debe tener en cuenta son las características propias del país, como sucedió en Brasil, país que hasta las elecciones de 1996 las elecciones eran realizadas con urnas de lona previamente selladas que recibían las papeletas de votación de los electores, las cuales eran escrutadas de manera manual lo que producía prácticas fraudulentas de dos tipos, en el escrutinio de los votos o en los registros de cada urna. Por esta causa las elecciones brasileñas registraron en 1994 la anulación de todas las elecciones proporcionales en el Estado de Río de Janeiro.
Preocupados por este problema, el Tribunal Supremo Electoral constituyó en 1995 una Comisión del Voto Informatizado en consideración a las experiencias pioneras de voto automatizado. Esta comisión debió definir el equipo que tuviera en cuenta la complejidad del proceso electoral, la modesta infraestructura del país, con un gran número de electores analfabetos, grandes zonas del país con una geografía compleja y muchas veces inaccesible, donde no hay las mínimas condiciones como la energía eléctrica, recintos seguros, etc.
El resultado concreto fue la creación del prototipo de la urna electrónica con características propias para utilizarse en el país. Reúne en la mesa receptora las funciones de lista nominal, urna y papeleta, funciona con energía eléctrica o bien con una batería común externa de automóvil, con teclado similar al del teléfono digital para el tecleo del número del candidato, pantalla líquida para la colocación de la fotografía del candidato y sobre todo, componentes producidos en el mercado brasileño, factor clave para el mantenimiento y soporte de las elecciones en todo el país. Su precio fue menor a los mil dólares.
Su primera utilización fue en las elecciones de 1996 en las ciudades capitales y municipios con más de 100 mil personas, lugares aun donde existían personas analfabetas o ciudadanos cuya relación con una computadora era nula. Para esta elección se usaron 75 mil urnas electrónicas para 32 millones de personas, es decir el 30% del electorado y 75 mil mesas electorales automatizadas. En las Elecciones Generales de 1998, se dio continuidad a la automatización del proceso en las que se incremento el uso de la urna electrónica; 68 millones de ciudadanos utilizaron esta urna, es decir el 60% del total del electorado, se automatizaron 152 mil mesas electorales (50%) y el 100% de las juntas electorales se automatizaron. En Brasil se tiene pensado que en el 2004 se tengan automatizadas al 100% las mesas electorales.
Un punto más, la administración electoral pone estas urnas a disposición de toda la comunidad para el uso de elecciones sindicales, escolares, consultas ciudadanas como el referéndum y plebiscitos.
> Conclusiones
La automatización de las elecciones en cualquiera de sus etapas, o todas ellas, es una necesidad imperativa en México. Muchas son las preocupaciones que se plantean y varios son los miedos que se tienen: el costo inicial para su instalación, la operacionalidad de este sistema, el uso que se le pueda dar (me refiero a que se piensa que aun con la alta tecnología se pudiera dar una forma cibernética de fraude, pensamiento muy usual entre nosotros los mexicanos), que el ciudadano no sepa utilizar el sistema (punto que se puede salvar con una capacitación ciudadana), que la situación geográfica de la entidad, o del país es complicado ya que se tienen dentro de un mismo territorio zonas rurales, urbanas, indígenas, o de difícil acceso a ellas, que no existen las condiciones para implementarlo (energía eléctrica, personal capacitado para su utilización en zonas alejadas de las ciudades), pero sobre todo esto existe un gran miedo: el miedo al fracaso de la implementación del sistema y con ello, la bochornosa explicación de por qué no funciono, además de que no se quiere poner en riesgo con ello una credibilidad electoral recientemente conquistada. Miedos y dudas entendibles.
Sin embargo, la democracia y sus nuevos escenarios requieren de respuestas rápidas y eficaces a los planteamientos electorales. Estoy seguro que, al igual que como sucedió en la puesta en marcha del Programa de Resultados Electorales Preliminares surgió el efecto domino, es decir, se propuso y se instalo, después los estados empezaron a optar por este sistema tan utilizado y confiable hoy en día, así sucederá con esta automatización.
Sé que no es una tarea fácil, se requiere de muchos estudios técnicos, de una cuantiosa inversión económica, de una capacitación a miles de ciudadanos para aprender a votar, etcétera, pero creo también que no es una meta que no se pueda alcanzar, más bien creo, y reitero, es una imperiosa necesidad para nuevos escenarios electorales.
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Texto. Ángel Alfredo de la Rosa Pérez
Fecha. 07-03-2003
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--Ángel A. de la Rosa P. |
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Doctor en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid, Maestro en Estudios Iberoamericanos por la Universidad Internacional de Andalucía, (Huelva- España) y licenciado en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (Distrito Federal, México). En la actualidad es investigador del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, ha desempeñado diversas responabilidades en el Instituto Electoral Federal de México y es especialista en el análisis y diseño de información política y en prospectiva y escenarios políticos.
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