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Antonio Yuste. Es miembro del Comité Técnico del OVE y asesor tecnológico del Laboratorio Unidad de Imagen del Instituto de Automática y Fabricación (Universidad de León)
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Por ANTONIO YUSTE.
Los economistas José B. Tercerio y Gustavo Matías es su formidable libro Digitalismo, nuevo horizonte socio-cultural insisten en que el capitalismo después de atravesar su fase mercantil, industrial y financiera ha entrado de lleno en su fase digital, acentuando todos los procesos de globalidad hasta cotas sorprendentes hace solo diez años, sustituyendo todas las estructuras mono por otras bi o multi. La sociedad digital, nos advierten, está haciendo muy visible los que cooperan en el acceso al conocimiento y los que no, vulnerando un derecho que los ciudadanos del mundo perciben como básico y primario.
Hemos entrado en la etapa del capitalismo digital y dadas las transformaciones que introduce en hábitos y costumbres alterando el modo mismo de formación y toma de decisiones, no son pocos los que anuncian que el digitalismo, es a secas, otra forma de economía, más compleja, donde la responsabilidad, individual, el esfuerzo, la ambición y los beneficios, como es natural se siguen expresando pero con otras reglas. ¿Afectan las nuevas reglas a los contenidos, a la naturaleza misma de nuestra motivaciones?. El tiempo tiene la respuesta. Lo que sí se sabe es que las comunicaciones digitales y la nueva capa tecnológica, Internet, a todo afecta y felizmente baña con su señal, trasportando inmediatez y posibilidades que nos deslumbran. Su fulgor es irresistible y su avance, conquistando más y más parcelas de nuestra hábitos, es incontestable a pesar del parón bursátil.
La nueva economía, la nueva cadena de valor creada por las nuevas tecnologías, nuevos fondos de comercio antes inexistentes, industria del jarguar (hardware), del soguar (software), de comunicaciones, de servicios
que atraviesa por momentos de atonía, encontrará de nuevo alivio y esperanza con las implantación masiva de las nuevas tecnologías de decisión.
> La inclusión digital como objetivo estructural
La actividad política en Europa no atraviesa por sus mejores momentos. El estado de la política en Francia, con un presidente elegido por descarte, en Italia, con la construcción de una nueva república de perfil aún impreciso, son buena muestra de lo que decimos. La desconfianza en la política crece sin cesar y aunque el nivel de descrédito no afecte al núcleo de la democracia y las libertades, sí afecta a los métodos y formas de representación de la política. Las universalización de los media, televisión, prensa, radio y agencias y sobre todo, la profundización en los mecanismos de la globalización de la mano de la nueva capa tecnológica, internet, esta afectando a todos los procesos de formación de opinión. La opinión colectivamente expresada, está profundamente intervenida por los mencionados acontecimientos, desplazando a los representantes tradicionales de la opinión pública, la clase política, la autoridad académica y familiar a subniveles de influencia inquietantes. ¿Les desplaza el cambio de paradigma tecnológico o el cambio de paradigna tecnológico tan solo acentua un problema que venía gestándose desde hacía tiempo?. En nuestra opinión es un descrédito global que nos afecta a todos, que inició su andadura hace tiempo y que las modernas tecnologías de decisión contribuirán a su solución.
Internet ya representa en todas las encuestas el medio preferido para formar una opinión propia, el lugar a donde la gente común acude para reunir información, intercambiar datos y discutir. Internet está induciendo otro fenómeno totalmente desconocido para nosotros, el de la opinión constante o la opinión evolutiva continuamente visible. Ante dicho acontecimiento, los mecanismos tradicionales de autoridad o representación se nos revelan anacrónicos o incompletos.
Los propios medios de comunicación de masas tienen dificultades para aceptar que la era post-media ha empezado y que deben prepararse para remontar el desbordamiento tecnológico e intelectual que padecen. Las nuevas tecnologías digitales en televisión, radio y prensa escrita, realizarán la convergencia afectando a todos los sistemas de producción de contenidos y gobierno editorial. La audiencia pasiva ha dejado de existir. En adelante existirán individuos con necesidades específicas de información, entretenimiento y participación. Los individuos siguen existiendo pero en adelante serán visibles. Expresado de manera coloquial por Arthur Sulzberger Jr., presidente e The New York Times Company y editor de The New York Times, cuando afirma, "nos ha costado entender que no existen compradores de periódicos, existen lectores, no importa el canal, ellos son los clientes". Le faltó incluir que los nuevos clientes, son además, visibles y sujetos activos modificando los sistemas actuales de gobierno editorial.
Internet hace posible que la Humanidad no tenga necesidad de inventar una misma cosa numerosas veces, una por cada territorio políticamente definido. Internet aporta vigilancia tecnológica y científica y es un fenómeno socialmente admitido provocando aceleración tecnológica y científica. Internet difunde y en la práctica no es otra cosa que un sofisticado sistema de colaboración, con toda la casuística y excepciones que se quiera, y un gigantesco fondo de información. Ante tal estado de cosas la pregunta que a todos asalta es: ¿los sistemas de representación pueden mantenerse impermeables a los cambios producidos en su base social?
No. No pueden y por eso el impulso que están recibiendo las modernas tecnologías de decisión. Son imprescindibles para acreditar, para recuperar la confianza, para mejorar la participación, para hacerla constante, para refundar y reforzar a los representantes tradicionales de la opinión pública, la clase política, la autoridad académica y familiar. Las nuevas tecnologías de decisión sin mermar el poder de la autoridad o de los representantes, lo que la ley, las costumbres y los estados de responsabilidad les otorgan, si contribuyen a la cualificación de todos los procesos de formación y toma de decisiones.
Los niveles de calidad de los procesos de formación y toma de decisiones decrecen en la misma medida que se divorcian de los cambios en el entorno y del avance de las nuevas infraestructuras. No se habla aquí de "democracia antigua" asamblearia contra "democracia moderna", representativa y cualitativa por imposibilidad de reunión de los que tienen que decidir. No, no se habla de enfrentar nuevas tecnologías contra Stuart Mill, Tocqueville o la democracia representativa, se habla de mejorar los procesos de formación y toma de decisiones, se habla de aumentar la visibilidad, la mirada útil de nuestros representantes tradicionales y de achicar, de robar continuamente espacio a la ignorancia, la demagogia o el abuso de autoridad o posició.
La transformación se ha producido y no es posible revertirla con un giro hacia las cavernas, como el iniciado por el islamismo, todo lo contrario, es preciso interpretarla correctamente, con disciplina social y crecimiento intelectual para reintroducir valores y referencias, socialmente compartidos, en los cambios producidos y en las nuevas tecnologías. Y en este punto, el de la creatividad intelectual, es donde hacen acto de presencia las modernas tecnologías de decisión. Son contribuidoras netas a los procesos de acreditación y confianza para los representantes tradicionales de la opinión pública (padres de familia, educadores y resprestantes legales). Aspecto que contribuirá al despliegue del II Ciclo de la Sociedad de la Información. La implantación de sistemas de voto y sondeo electrónico de manera masiva, generará una nueva primavera social con el impulso y la objetivación de todo tipo de políticas de inclusión digital, que es inclusión social.
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Texto. Antonio Yuste. Miembro del OVE
Fecha. 10-02-2003
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